Llevando la Sagrada Eucaristía a los Enfermos en sus casas (archive)

Adoration Angels'Él entró y se quedó con ellos.' (Lucas 24,29)

Nuestras Metas

  • Que cada parroquia pueda tener al menos un equipo bien formado y comisionado para el ministerio de llevar la comunión a los enfermos.
  • Proporcionar recursos de formación para ser compartidos en varios niveles – decanato, parroquia y diócesis.
  • Realzar la practica existente en la parroquia de solidaridad con los enfermos o confinados en sus hogares.
  • Reunir a las familias para renovar su vigor como Iglesia Domestica y como Escuela de Amor.
  • Establecer un programa de evangelización basado en la hospitalidad para acompañar la práctica de llevar la comunión a los enfermos.

 

Llevar la Sagrada Comunión a los enfermos se basa en una antigua tradición eclesial.

a. La Iglesia Doméstica

En los primeros días de la Iglesia, la joven iglesia en Jerusalén se reunía en los hogares para escuchar las enseñanzas de los apóstoles y celebrar la "fracción del pan" - la Eucaristía -. (Hechos 2,46)

El Catecismo nos dice que: En nuestros días, en un mundo frecuentemente extraño e incluso hostil a la fe, las familias creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faros de una fe viva e irradiadora. Por eso el Concilio Vaticano II llama a la familia, con una antigua expresión, Ecclesia domestica (…) Aquí es donde se ejercita de manera privilegiada el sacerdocio bautismal del padre de familia, de la madre, de los hijos, de todos los miembros de la familia, entre otras cosas, por medio de la oración. (CIC1656, 1657)

b. Consuelo para los Enfermos

San Justino, Mártir (100-165), en su descripción de las creencias Cristianas al Emperador Antonino Pio (140), dijo que "Entonces viene la distribución y participación de los alimentos consagrados por la acción de gracias y su envío a los ausentes por medio de los diáconos." (Apología, 1, 65). Este es el origen de la tradición de llevar la Eucaristía a aquellos que sufren de enfermedades o de confinamiento, que continúan hasta el día de hoy. La visita a los hogares permite a aquellos incapaces de ir a una iglesia, a tener la oportunidad de recibir al Señor y adorarlo, en la compañía de su familia y de sus amigos. En lo posible, es preferible que la Eucaristía para los enfermos sea tomada del altar al final de la Misa, para que se perciba y haya un claro vínculo con el Sacrificio de Cristo. 

c. Solidaridad con los perseguidos

Durante las persecuciones de la Iglesia en diferentes tiempos y lugares, cuando era imposible celebrar abierta y libremente la Misa, ha sido celebrada en secreto; con frecuencia en los hogares de aquellos que tomaban grandes riesgos para acercarse a Cristo en la Eucaristía. En efecto, la Beata Margaret Ball, una de las patronas del Congreso, fue hecha prisionera justamente por facilitar la celebración de la Eucaristía en su casa. En Irlanda, de estos tiempos de persecución surgieron dos tradiciones; la exitencia de altares de piedra en lugares remotos en las laderas de las Montana donde se celebraba la Misa; y la tradición de "Station Masses", Misas celebradas en las casas en los cuales se invitaba a los vecinos a unirse para rezar. La tradición de las "Station Masses" continua hasta el día de hoy. Llevar la Eucaristía a los enfermos en sus casas en el contexto de una reunión comunitaria busca basarse en esta tradición; ofreciendo una oportunidad para las familias o vecinos para unirse en oración alrededor de aquellos que están enfermos o confinados a su hogar. Esto permite un mayor encuentro de oración con el Señor al habitual, ya que en un corto período de tiempo, un sacerdote o ministro extraordinario de la Comunión ha de visitar un numeroso número de enfermos y confinados a su hogar. Nos unimos en la oración con todos aquellos en el mundo que aun carecen de las libertades religiosas básicas de rendir culto al Señor abiertamente y en paz.

d. Hospitalidad para todos

San Pedro nos exhorta en su primera carta: "Practiquen la hospitalidad, sin quejarse". (1Pedro 4,9) y San Pablo nos recuerda a no olvidarnos de practicar la hospitalidad a los extranjeros. (Heb 13,2). En un tiempo en el que muchos se pueden sentir distantes en la práctica de su fe, el momento de oración con la Sacrada Eucaristía en el hogar puede convertirse en una invitación a experimentar el corazón amoroso y hospitalario de Jesús, a profundizar nuestra comunión entre nosotros y de asegurarse de que los enfermos y confinados son mantenidos en comunión.

3. Algunos principios importantes:

  • Los obispos, sacerdontes y diáconos son los ministros "ordinarios" de la Sagrada Comunión.

  • fieles laicos, siguiendo la apropiada formación, pueden ser designados o comisionados como ministros "extraordinarios" de la Comunión.
  • es el párroco quien pide o autoriza al ministro extraordinario a llevar la Sagrada Eucaristía a los enfermos o confinados en sus hogares de la parroquia. Esto no debería suceder sin su conocimiento o aprobación. 

  • el Santísimo Sacramento debería idealmente ser confiado al ministro al final de la Misa, de entre las hostias consagradas en el altar durante la Misa. De esta forma es enfatizado el vínculo entre el Sacrificio de la Misa y el Sacramento que es recibido o adorado.
  • El Santísimo Sacramento debe ser recibido en el hogar con la reverencia debida. Se coloca en una mesa especialmente preparada.
  • La Sagrada Comunión para los enfermos o confinados en su hogar puede ser celebrada en el contexto de una Liturgia de la Palabra, seguida por el Rito de la Sagrada Comunión y el Viático para los enfermos. La persona enferma y aquellos que están presentes puede ayudar a planificar la celebración, por ejemplo, mediante la elección de las lecturas y las oraciones. El Rito de la Comunión puede ser precedido por un momento de adoración silenciosa.
  • El Santísimo Sacramento no debe ser reservado en el hogar o, en realidad en ningún lugar donde la Misa no se celebre habitualmente. Esto es, una vez más, para asegurar que el vínculo sea mantenido en la mente  y en la espiritualidad de la gente, entre el Sacrificio de la Misa y el Santísimo Sacramento, que es el fruto de ese Sacrificio.

 

 

Inicio